En primer lugar, felicidades por tu reciente nombramiento como presidente de Cocina Económica de Logroño.

  • No las merezco, muchas gracias.

Como presidente, ¿cuáles han sido los mayores desafíos que has enfrentado desde que asumiste el cargo en abril de este año?

  • Como bien dices, llevo en el cargo muy poco tiempo y este próximo 26 de septiembre Cocina Económica de Logroño, que es una asociación benéfica, sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública, cumplirá 130 años. Aquí los desafíos suelen ser a largo plazo y en ello seguimos. Pero hay algo importante que un presidente debe hacer al llegar al puesto y es entenderse con todos sus acólitos, allanar el camino y procurar crear un clima de cordialidad en el día a día para que todo lo demás fluya. Ardua tarea. Esta es una gran familia compuesta por trabajadores, voluntarios, Hijas de la Caridad, directivos y también los usuarios, y entre todos debemos hacer que todo funcione en beneficio de estos últimos. Sin olvidar dar nuestro agradecimiento por la necesaria colaboración recibida de la Administración y de todos nuestros benefactores.

Tu padre también presidió Cocina Económica de Logroño durante muchos años. ¿Cómo ha influido su legado en tu trabajo actual y en la dirección que has decidido tomar para la entidad?

  • Mi padre, Domingo de Guzmán Álvarez Ruiz de Viñaspre, presidió Cocina Económica de Logroño desde 1995 hasta 2008, año en el que tuvo que retirarse por enfermedad y toda esa etapa la compaginó con la presidencia de la Federación Riojana de Voluntariado Social. Él fue una persona muy trabajadora, sencilla y cercana a los ciudadanos más desfavorecidos. Yo le sigo la estela muy de lejos. Pero, efectivamente, algo influyó, porque él me metió en esto y hoy estamos donde estamos. Persona, por cierto, muy querida en este pueblo. Ejerceré una presidencia discreta, cercana a todos y espero que efectiva y productiva con la ayuda de mi Junta Directiva y de nuestro diligente Director Gerente, Javier Porres Ortiz. En cuanto a la dirección que tome la entidad no espero mucho cambio porque creo que es la correcta, damos pasos lentos, pero grandes y afianzados, nuestros programas sociales llegan cada vez a más gente necesitada y procuramos cubrir espacios importantes donde la Administración llega con dificultad, dentro del ámbito de la alimentación, el alojamiento y la educación. Nos preocupa la soledad no deseada sobre todo de las personas mayores, la difícil situación de las personas víctimas de violencia de género e intrafamiliar y nos preocupa la situación de abandono de los jóvenes tutelados que pasan a la mayoría de edad.

Eres de Logroño, pero estás casado con una bañeja. ¿Qué vínculos tienes con Baños de Río Tobía y cómo influyen en tu vida tanto personal como profesional?

  • Yo nací en Logroño en el año 1961 y en diciembre de 1977 conocí a las “gemelas”, al poco tuve que decidirme por una de ellas, no fue fácil. Cristina fue mi gran elección de por vida, aunque de cualquier manera hubiera acertado ;). En 1978 subí a Baños de Río Tobía por primera vez y hasta hoy. Pasé del Iregua de Carmen, Jesús e Iñaki al Najerilla de Chema Purón y mis vínculos se apuntalaron en ese gran pueblo chacinero para siempre. No vivo en él, pero subo asiduamente, aunque no todo lo que quisiera. En él tuve a mi suegra y amiga La Bari, tengo familia y tengo amigos, me gusta el chorizo, el vino y el contrachapado y todavía me queda un gran referente que es mi querido y valiente suegro Fermín Sobrón Sobrón. Además, en el año 2009, Cristina y yo compramos una vivienda junto a mis cuñados Fermín y Nela para poder subir más a menudo, tanto nosotros como nuestros hijos. Este es un pueblo de gente trabajadora y esto, quieras que no, también influye positivamente en tu desarrollo profesional.

¿Podrías compartir alguna historia o anécdota que haya marcado tu tiempo en Cocina Económica de Logroño, especialmente alguna relacionada con los cambios recientes en la tipología de los usuarios?

  • Mi primer contacto con la realidad social desde el punto de vista de la acción voluntaria fue desde la Obra Social de “la Caixa”, pero fue en Cocina Económica de Logroño donde me di cuenta de la triste, dura y gran dimensión que toma la pobreza en nuestra comunidad autónoma. Las llamadas filas del hambre, que bien podrían llamarse filas de la vergüenza del ser humano llegan a nuestro comedor social todos los días ininterrumpida e inexorablemente desde hace 130 años; anécdotas e historias hay tantas como personas atendidas en él, hay tantas como días transcurren en sus vidas, hay tantas como voluntarios pasan por ellas. La tipología del usuario ha ido cambiando con el devenir de los tiempos en cuanto a sexo, edad, procedencia, religión, etc. Pero hay algo que los iguala a todos y nos une a ellos y es que son personas como nosotros, personas con los mismos derechos que todos, aunque no con la misma suerte.

El trabajo en Cocina Económica de Logroño a veces puede ser emocionalmente desafiante. ¿Cómo manejas el impacto personal de estar en contacto diario con las realidades más duras de la sociedad?

  • Normalmente yo no estoy en el campo de batalla día tras día, ese honor lo tienen nuestros trabajadores y voluntarios junto con las Hijas de la Caridad. Pero siempre que entro en contacto directo con los usuarios y su problemática salgo reforzado gracias, precisamente, a su fuerza emocional y optimismo ante la vida que les ha tocado vivir. Quiero decir que el voluntariado social es cien por cien gratificante y totalmente recomendable. Seguro que esto me lo confirmarán nuestras queridas voluntarias bañejas Maricarmen Martínez y Marisol Zangróniz así como nuestros asiduos colaboradores Embutidos Loza y Martínez Somalo. Y todos los que de alguna manera ejercen la acción voluntaria, ya sea social, deportiva, artística o de cualquier otra índole allá donde haga falta.

¿Qué mensaje te gustaría transmitir a los habitantes de Baños de Río Tobía sobre la importancia de la solidaridad y el apoyo mutuo, especialmente en tiempos difíciles?

  • Debemos ver a las personas más desfavorecidas como nuestros semejantes. Los mal llamados discapacitados son personas con distintas capacidades, pues lo mismo pasa con los pobres y desfavorecidos, que son personas con distintas oportunidades. Cualquiera podría estar en su lugar.
    Las personas, en el fondo, son solidarias, pero les cuesta dar el paso. No saben cuánto lo agradecerán el día que lo den.
    En tiempos difíciles, en tiempos de crisis y de pandemia es cuando más aflora la solidaridad. Pero debería ser una práctica habitual y cotidiana.
    Animo a todas las personas con inquietudes sociales a acercarse a Cocina Económica de Logroño para que conozcan de primera mano todos nuestros programas de intervención social, alimentación, alojamiento, educación infantil, centro de día, cooperación en países en desarrollo, trabajos en bien de la comunidad, etc.
    Creo que el voluntariado debería ser una asignatura práctica obligatoria en nuestro sistema educativo.
    Mando un afectuoso saludo a todas las bañejas, bañejos y adláteres.